Al oído del Gerente

¡Qué nos pasa!

Frase que me recuerda al actor y comediante mexicano Héctor Suárez, recientemente fallecido y que paradójicamente me causaba tanta risa, ahora me llena de gran tristeza y desazón. 

Es realmente deprimente ver la condición a la que hemos llegado los colombianos, pero sobre todo los que se hacen llamar líderes, gobernantes, periodistas, líderes de opinión, influenciadores y en fin, tantas personas que tienen algún grado de incidencia en sus seguidores. Basta con estar 10 minutos sumergido en twitter leyendo comentarios y termina uno con un sentimiento entre la tristeza, la culpa y hasta la ansiedad, una condición casi deprimente, reconociendo que en ocasiones se puede terminar repitiendo el comportamiento que se lee y observa en los demás.
 
¿Qué nos pasa? Es la pregunta, ¿Cuándo caímos en una batalla campal de improperios e insultos a quien piensa y opina diferente, solo porque no está de acuerdo conmigo o en ocasiones, solo por … nada?
 
¿Cuándo se nos ocurrió que para hacerme líder político, de opinión o influenciador, solo basta con aplastar al otro, a mi contradictor?
 
¿En qué momento nos enseñaron, y en dónde, qué debemos odiar, qué debemos juzgar al otro, qué debemos hablar mal del otro, que nuestra popularidad depende de acabar el buen nombre de los demás y que en la medida en que acabemos con ese otro, nos volveremos más importantes?. ¿Cuándo nos volvimos miembros de una secta que se guía solo por lo que el líder de ella nos dicta, cuándo nos volvimos seguidores de sembradores de odio, ira, rabia, y venganza?
 
Esta es la triste realidad en nuestra sociedad colombiana. Por donde nos miremos hay odio, hay sentimientos de ira que nos llevan a estar mirando enemigos en todas partes, no nos ponemos de acuerdo en nada. El orgullo, el egoísmo y la prepotencia minan las posibilidades de sentarnos a buscar soluciones a tantas dificultades que nos afligen. Puede que las propuestas de algunos sean buenas; pero, por el hecho de ser de otros, no nos sirven y muestra de ello es que en muchas oportunidades son las mismas que aplican cuando llegan al poder.
 
No nos une la paz, tampoco el dolor que causan las muertes, ni muchos menos el manejo de una pandemia que nos afecta a todos. Cada gobierno que llega al poder, local y nacional, hace borrón y cuenta nueva. Nos cuesta mucho reconocer buenas ejecuciones de otros, así luego hagamos lo mismo. Nuestro pensamiento gira en todos los ámbitos en el errado concepto de tener cada uno la razón, en el equivocado razonamiento en el que la razón y la verdad solo es la mía, la que sigo, la de mi líder. 

Cada uno cree en la mentira absurda de ser dueño de una verdad absoluta. 
¿Cuándo esta actitud tan egoísta se apoderó de nuestra sociedad?, ¿qué nos pasó ? y ¿qué nos sigue pasando? al seguir pensando que la manera de surgir más expedita, es pasar por encima del otro, al punto hasta de contemplar la violencia como mecanismo y las armas como forma de obtener lo que quiero. ¿Qué pasó en nuestros corazones que se volvieron tan duros, intransigentes, tercos y tan agresivos?
 
¿Seremos capaces algún día de llenar nuestros espíritus de calma, paz, tranquilidad, compasión y empatía? Podremos reconocer en nuestro contradictor un ser humano como yo, que también tiene sueños, familia, que siente; con el cual podríamos estar de acuerdo en el fin del bienestar que todos quisiéramos. ¿Podremos algún día tener líderes que busquen nuestro ser amoroso y compasivo para mejorar las cosas y se olvide de promover el odio y la venganza?

Tengo la esperanza de que en algún lugar, en algún momento nuestra humanidad reaparezca y seamos capaces de reconocer lo que nos pasa, la enfermedad que nos afecta y de una vez por todas dejemos el odio y nos llenemos de amor y perdón. Solo en el momento en el que creamos en la solidaridad, el perdón, la empatía y el amor como los antídotos para esta sociedad enferma, solo allí, empezaremos a ver la realidad de los problemas que nos aquejan, problemas que no nacieron con el gobernante de turno; pero, que con él, contigo y con el otro, podremos solucionarlos.

   

Didier Jaime Lopera Cardona
Gerente