Al oído del Gerente

Sí, hay odio.

Debemos reflexionar, el odio es una realidad y así se ha sentido, de hecho, yo lo he sentido.

Es urgente que nuestra sociedad y sus actores recapaciten mucho y nos preguntemos porque hemos llegado a un nivel de encrespamiento tal, que nos tiene al borde de la ira constante, un malestar con el otro y a la vez generalizado con lo que representan las personas diferentes o mejor, que piensan u opinan diferente a lo que cada uno idealiza o cree y en verdad es preocupante, las razones no las sé, quizás nadie lo sabe, pero lo cierto es que todos los días vemos muestras por doquier de la animadversión que predomina en las relaciones personales e institucionales.

¿Qué nos ha llevado al punto en el que nos encontramos?, quizás el egoísmo, la avaricia, el poder, la pérdida de valores, la deshumanización de las relaciones. Nuestra sociedad ha cambiado el valor de la vida por el de los bienes materiales y todo aquel o aquello que “atente” contra mis cosas, incluidos los pensamientos e ideales, se merece el rótulo de enemigo, por lo tanto, es digno de un odio que alimenta la sed de revancha, venganza y violencia. Nuestra sociedad está enferma, más aún nosotros estamos enfermos y dicho bicho parece adictivo, y se alimenta de los medios de comunicación, las redes sociales, la intolerancia, los seudo políticos que pareciera que no pudieran debatir sin epítetos y juicios de valor personales. Y no pensamos que solo se trata de personas exponiendo puntos de vista que pueden ser diferentes a los nuestros pero que igual que los propios merecen ser escuchados y debatidos y si lo tomáramos con calma nos daríamos cuenta que en innumerables ocasiones son iguales a las nuestras, la única diferencia es que proviene de otro.

Hoy tomo la decisión de no odiar, de entender que las relaciones entre humanos deben ser humanas, considerando al otro un ser igual a mí, con sus propios problemas y convicciones, que solo quiere vivir su vida de una manera ideal y que juntos podríamos construir. Tomo igual la decisión de ceder, no soy dueño de la verdad absoluta y escuchando puedo enriquecer mis posiciones, debo entender que las otras personas ven el mundo con sus ojos y no con los míos. Esta postura individual es a su vez un llamado a la reflexión de todos y cada uno. Si los líderes se enfrascan en discusiones individuales y llenas de veneno, nos corresponde a los demás, a todos, humanizar al líder, porque no podemos por más que tengamos convicciones seguir llenando nuestra alma de razones para odiar.

Los invito solo a pensar si vale la pena llenar nuestros corazones de sentimientos dañinos por cuenta de otras personas que al final por estrategia o por cualquier razón nos incitan a ver enemigos en todas partes, cuando al final todos tenemos que habitar y cuidar nuestra raza y nuestro planeta.

 

Didier Jaime Lopera Cardona
Gerente